Domingo de Ramos

Jesús entró en Jerusalén para la última Pascua.
Solemos llamarla entrada triunfal, porque la multitud le aclamaba, y los mismos discípulos pensaban que se manifestaría gloriosamente.
Pero Jesús sabía que en Jerusalén iba a morir, y aun así entró. Entró voluntariamente en la ciudad que le iba a matar. Y aceptando ir al sitio que Dios le pedía, Jesús hizo su obra redentora.
Si nosotros buscamos pasos tranquilos que nos lleven a sitios tranquilos, seguramente tendremos vidas espiritualmente tranquilas (no poderosas). En cambio si damos pasos que nos lleven donde Dios dirige, estaremos donde Dios quiere, y veremos la obra que Dios haga.
Muchas veces nuestras malas situaciones no son “pruebas que Dios nos pone”,  sino la consecuencia natural de nuestras decisiones sin tener en cuenta a Dios.
En todo caso, miremos hacia delante. Aunque hayamos tomado malas decisiones, arrepintámonos, y dejemos que Dios nos restaure.
Los pasos que demos hoy marcarán en parte dónde estemos mañana. Así que ¡el día para seguir a Dios es HOY!

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