Reunidos, ¿para qué?

Cuando construimos la iglesia día a día, nos apoyamos, nos edificamos, nos animamos, bendecimos e instruimos y nos alistamos para cumplir la misión que Cristo nos ha mandado. Para hablar de aquel que es lo primero en nuestra vida. De aquel que lo ha transformado todo en nuestra vida. Para anunciar las maravillas, para ir por todo el mundo, para ser luz para las naciones.

Recordad la oración de los cristianos de la primera iglesia en hechos 4:29-31

29»Ahora, Dios nuestro, mira cómo nos han amenazado. Ayúdanos a no tener miedo de hablar de ti ante nadie. 30Ayúdanos a sanar a los enfermos, y a hacer milagros y señales maravillosas. Así harás que la gente vea el poder de tu siervo Jesús, a quien elegiste.»
 31Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban reunidos, y todos ellos quedaron llenos del Espíritu Santo. A partir de ese momento, todos hablaban sin temor acerca de Jesús.

Podemos justificar lo difícil de hablar de Dios en nuestras circunstancias, o podemos orar como esta gente.

Jesús nos dijo Id.